¡Uy, qué alivio escribir en español! Abandoné este blog y el otro y otros más porque necesitaba claridad mental. A pesar de que El Ciclón era más sobre cuestiones musicales lo voy a transformar en el blog de situaciones random-de-choque-cultural-escribo-lo-que-quiera-porque-es-mi-blog. Es más, debería cerrar el otro blog de hecho. Tal vez lo haga pronto.
Sea como sea, ¡volví a regresar, en forma de fichas! Y el regreso es reloaded. Me mudé, lejos y se siente esa lejanía. Total que resultó me aceptaron en la maestría y ando en la tierra de los molinos, tulipanes y drogas legales; en su ciudad que irónicamente se considera más peligrosa y contrastante en todos los sentidos: Rotterdam.
Estoy a punto de cumplir 4 meses viviendo aquí y hasta ahora ha sido una de las experiencias más chingonas, agotadoras, quita sueños, quita vida social, de aprendizaje, de darse en la madre, de extrañar, de anhelar, de aceptar errores pero a la vez de absorber todo alrededor. En pocas palabras mi vida es un pinche ir y venir cotidiano.
Holanda es todo lo que los estereotipos les han dicho. País pequeño, lenguaje difícil, cero comida regional (con excepción de sus fantásticas papas a la francesa y todo tipo de panqueques y waffles en todas las presentaciones que se puedan imaginar. Bicicletas, hartas. Básicamente si no tienes bici no existes. Molinos, varios. Tulipanes, no tantos, de hecho exportan más rosas. Gente alta, muchísima y en todos lados. La ventaja es que acá todos te hablan en inglés y ni se siente el holandés, a menos de que viajes en los trenes porque los bastardos no traducen los mensajes. Drogas legales, en todos lados. Nada más en las cercanías de mi nuevo hogar hay 4 coffee shops caminando.
Mis roomates son a toda madre. Un músico, una estudiante de estudios culturales y una maestra. Todos holandeses, todos bien amenos. Me caen re bien. Tenemos animalitos en la casa y el gatito es el mejor de todos.
Mis compañeros de la master son todos unos personajes, me llevo mejor con los hombres obvio, no son tan "posh" como las chicas y sobre todo menos demandates porque ¡ah, que demandantes son esas chicas! Irónicamente los dos con los que mejor me llevo ni siquiera van en mi master jajaja.
La carga académica: difícil. El primer term sentía que lloraba por el trabajo. Ahora es más relajado y selectivo. Ya pronto tengo que empezar con mi tesis, y yo que ni había agarrado el blog.
Divido mi tiempo entre Holanda y Alemania porque ahí vive mi novio. Voy cada 15 días y es como un segundo hogar. El hombre es el sol de mi vida y es un gran gran gran tipo, me vale madres que me tachen de cursi pero no saben qué tan agradecida estoy que se haya reincorporado a mi vida y ahora somos bien felices. Una de las ventajas de estar acá, si no es que de las más grandes.
Holanda es plano, no tiene montañas. Yo vivo bajo el nivel del mar.
El próximo post: la gran experiencia de moverse en bicicleta por Holanda, tal vez, fotos incluídas. Y ya, prometo escribir seguido, creo que hasta yo lo necesito. ¡Cheers, banda!
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