miércoles, 23 de junio de 2010

Pasión mundialista

(No me recriminen por no postear en dos meses, la verdad he tenido cosas que hacer y poca inspiración para escribir)

¡Bendito fútbol! Siempre lo he dicho, me gusta mucho y hace, al menos, mi vida más feliz. Desde pequeña he sido educada para practicar y gustar de los deportes, probablemente el convivir demasiado con mi papá y hermano fue un gran catalizador por lo que me puedo jactar de saber y seguir varias justas pero nada como el fútbol pero sobre todo, nada como el mundial.

Sí, muchos estarán fuera de la fiebre, respeto su decisión pero para mi no hay nada más emocionante que sentir la euforia por un deporte, por una competición sana que si bien no hará eruditos a todos los ciudadanos de algún país sí les da una pasión, algo que esperar y algo que anhelar.

Mis primeros recuerdos vienen del mundial de 1994, desde la mascota, Striker, hasta el uniforme de la selección dentro de la cuál siempre destacaba Jorge Campos. Nunca olvidaré los dribles de Romario ni el festejo de Bebeto, mucho menos la falla de Italia en penales en la final, nunca se me va a olvidar Baggio con su coleta volando el balón.

Luego Francia, mundial sobrio en el que se coronaron los galos. No tengo mucho que decir más que recuerdo fue una competición mediocre para los verdes.

Corea-Japón. Los desvelos, los ánimos entre mi hermano y yo para mantenernos despiertos. Papá compró una pantalla. Javier Aguirre nos daba ilusión sin embargo la derrota contra los estadounidenses dolió mucho, tanto que hasta la fecha los repudiamos. Corea dio una grata sorpresa. Brasil campeón, Alemania segundo lugar.

A la copa en Alemania le tengo un gran cariño. Tuve la oportunidad de vivir en carne y hueso la pasión mundialista y hasta que uno no va nunca lo podrá entender por completo. La televisión es una cosa, vivirlo es otra y se respira un aire diferente. No sólo hice nuevos amigos, no sólo entendí que nos unen más cosas de las que pensaba, no sólo conocí a mi novio... viví una de esas experiencias de una vez en la vida. Ahí la derrota de Argentina dolió hasta el tuétano, la burla de los argentinos se sentían mal, luego la alegría de que los teutones los derrotaran. Luego, la tristeza del pueblo anfitrión por saberse eliminados sin embargo ellos hicieron su final en Stuttgart, ese partido no fue el de tercer lugar, fue la final del corazón y todo el país estaba ahí. Al final los italianos salieron triunfantes y Zidane se llevó un pedazo de historia, no sólo por su despedida profesional, también por el cabezazo (no sé si triunfal) que pasó a la historia.

Ahora todos los ojos puestos en Sudáfrica, al menos yo tengo fe en el equipo mexicano. Quiero creer que podemos ganar y lo creo. Falta saber quién gana pero la emoción que siento antes de cada partido es linda, es algo especial, es algo de cada cuatro años y lo agradezco.

Yo aún no entiendo a aquellos detractores que odian el fútbol. Si se jactan de ser tan "intelectuales" deberán respetar los gustos de los demás así como nosotros respetamos que no les guste el deporte. ¿Que qué tienen de interesante 22 fulanos persiguiendo un balón? mucho, es la representación de la entrega, del todo por el nada, la representación de una justa batalla con condiciones equitativas (salvo los jugadores, claro eso es ooootro boleto).

Es dar ilusión a la vida ordinaria de algunas personas, es dar 5 segundos de alegría al señor que gana menos de 200 pesos a la semana para alimentar a su familia al momento de gritar gol, es sentirse grande por un momento a pesar de que hay un pie opresor que aplasta el diario vivir, o qué ¿ahora me van a salir con que las revoluciones fueron luchadas por los intelectuales? A final de cuentas aquellos que se encuentran en el campo de batalla es ni más ni menos que aquél que ve películas mexicanas, disfruta del fútbol y hasta escuche corridos.

Despreciar el fútbol no hace a nadie mejor ni más listo, al contrario, despreciar el gusto ajeno devela a un ser intolerante que no aprecia la diversidad de su sociedad.

Por lo mientras yo seguiré emocionándome con los juegos entre selecciones, porque esto es cada cuatro años y para mi, sí, el fútbol puede ayudar a al menos arrancar una sonrisa, tan necesaria en estos tiempos, por eso repito ¡bendito fútbol!

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